Educar la mirada seducida por el mundo:
recuerda, a cada vuelo de la vista el milagro,
de las raigambres del bosque, familiares,
bajo la tierra seca y sólida, abrazándose,
desnudas:
nada nuevo y todo a cada instante.
El simple hecho de revelarse la vida,
y que solícitos, leves,
los sintagmas del regocijo de nuestros genes,
sean ya placer perfecto:
enardecimiento y alabanza de estar vivos,
el alma nos habita y,
por esta ventana eterna mira,
con su radiante alegría,
saber, permanencia,
divertida;
estos ojos que hoy te contemplan,
cobran otra cristalinidad, entrecerrándose
para ver mejor,
y el éxtasis llega y me arrebata.
El corazón leudó,
ascendió su sensualidad,
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y, allí, despierta esta naturaleza:
Silencio,
sólo Asombro.
Burbujean lágrimas de felicidad de dentro a
fuera,
y emano,
siendo lago,
me adelanto al amor…
¡Ay!, ya va cesando lentamente
¡Ay!, es un apenas que abre al sentimiento,
ya se separó:
Viudedad, dejándote atrás.
Al volver la mente
este orgasmo de valle se disuelve,
derramando...
Y asiente.
Aquí sigo, individuada,
íntegra, absoluta...
Siento como un mal
menor,
Pienso como un mal
menor,
hasta el próximo éxtasis.
Y, de aquí, al amor.
Tú, qué estás llegando,
cuando
entres en mí
lo
cierto se hará carne viva.
(C) Mon Gómez, 2026


