domingo, 21 de junio de 2026

Verano: Poema 2

 

Educar la mirada seducida por el mundo:

recuerda, a cada vuelo de la vista el milagro,

de las raigambres del bosque, familiares,

bajo la tierra seca y sólida, abrazándose,

desnudas:

nada nuevo y todo a cada instante.


El simple hecho de revelarse la vida, tras 

pasar el plumero:

solícitos, leves,

los sintagmas del regocijo de nuestros genes,

ya son placer perfecto:

enardecimiento y alabanza de estar vivos,

tan fácil como que el alma nos habita y, 

por esta ventana eterna mira,

con su radiante alegría, saber, permanencia,

divertida;


estos ojos que hoy te contemplan,

cobran otra cristalinidad, entrecerrándose para ver mejor,

y el éxtasis llega y nos arrebata.


El corazón leudó,

Ascendió su sensualidad,

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y, allí, despierta esta naturaleza:

Silencio,

sólo Asombro.


Burbujean lágrimas de felicidad de dentro a fuera,

y emanamos,

cual lago,

nos adelantamos al amor…

 

Ay, ya va cesando lentamente

Ay, es un apenas que abre al sentimiento, ya se separó;

Viudedad, dejándote atrás.

 

Al volver la mente

este orgasmo de valle se ha ido 

derramando...

Y asiente...


Esta humana,

íntegra, absoluta...

Siente como un mal menor,

Piensa como un mal menor...,

Hasta el próximo éxtasis

 

Y, de aquí, al amor:

Tú, qué estás llegando,

 cuando entres en mí

 lo cierto se hará carne viva.


(C) Mon Gómez, 2026





Verano: Poema 1

 

las golondrinas con sus vuelos rasantes acarician el aire,

circundan los verdes que protegen las colonias de nenúfares;

círculos concéntricos de vida submarina bajo el lago

y mis pies, distantes,

respiran

 

a cada inspiración el cuerpo vacuo

entra en este espacio,

a cada expiración él lo penetra, divino,

con abundancia y placer prístino;

ser este ser continuo.

 

No hay nada más simple

que esta alquimia,

no hay nada más certero,

ni más bello,

que existir

en este todo orgásmico,

in extenso.


merçie, dios, por este instante del juego.


(C) Mon Gómez, 2026





lunes, 3 de agosto de 2015

Elefantes en el zapato

Voy caminado y me encuentro obstáculos amplios como elefantes. Abro los ojos  y no consigo verlos, siento pequeñas piedras en mi zapato. Y estas son los elefantes, contundentes, corpulentos, y asustando el corazón y el instinto, grandes, gruesos, que ocupan espacios inmensos en puntuales momentos y entonces se queda su sombra aquí, arrastrándome el alma, sombra gris de piel cetrina y surcada,  lentos, que no hablan ni hacen ni son y ahí están.
 Y ya sé, ya sé, es tan sencillo como quitar el zapato, sacudir la piedra, y seguir adelante: se evaporan los paquidermos, y ligera el camino vuelve a ser nuevo y la visión se empieza a dilucidar, se despejan las cortinas, el espacio de mi ser y aquí estoy otra vez, con mis niños, presente, contenta, escribiendo, jugando..y con mogollón de ganas de...como si no siguieran ahí  los elefantes.