jueves, 7 de mayo de 2026

Primavera: Poema 1

El tiempo nos paladea, infinito.

Y, de vez en cuando, un vals.


En él revolotean las golondrinas 

al cielo de mi plácido jardín.


Sus vuelos intensos, 

íntimos,

raudos, 

cruzan el misterio

del azul ,

del que también son.

Parte y rasgadura.


De vez en cuando,

plena conciencia de libertad,

un pestañeo,

y otros mil años, 

despacios,

eternos

e inexplicables:


inmensidad del tiempo lento

que cabe

en el movimiento 

de un único,

rápido,

vívido,

vals.


 (C) Mon Gómez, 2006




Primavera: Poema 2

                            

Voy a pintarte una amapola,
roja,
y, así,
abandonará lo efímero.


Sorprendente y frágil,
inexplicable,
intensa,
un fuego sin incendio,
que amanece,
impertérrita en su esencia...


Será la primera primavera
de cada estación,
colgada, fogosa,
en el salón.


Ésta sí, dejará tocar su textura oleaginosa,
de lienzo fresco,
y traerá al mar de las olas de tus neuronas,
aquel arpa de hierba que soñamos,
tintada al viento,
donde descansa el refugio
de la amapola perfecta,
la que fue origen ,
la que es destino imprevisible,
a cáliz abierto.

Qué tristeza que no huela...
a flor,
¿verdad?


Y es que, ciertamente,
las amapolas
nunca fueron rosas.
...ni olieron fragantes,
verdaderas,
silvestres,
en sedas,
espinosas,
ni  la yema de los dedos se reconoció en ellas...


Rosas siempre primeras,
sutil tacto y aroma
del amor elegido,
del misterio  
que toma camino
y se va abriendo,
con tiempo,
pétalo a pétalo,
hasta los estambres...


¿Ser rosa,
ser amapola...?


(C) Mon Gómez, 2026


Amapola